“Contar el cuento” Taller de ficciones

14 feb

CADA QUIEN TIENE SUS TIEMPOS Y SU MEMORIA, ÚNICA Y DIFERENTE.

Es un taller a distancia y personalizado. Más allá de los “Módulos”: contenidos para eu lean todos por igual, los restantes serán escritos para cada participante de acuerdo a sus necesidades.

OBJETIVOS

- Crear un espacio de trabajo práctico y estimulante que promueva la escritura de relatos a partir del imaginario y la singularidad de cada participante.

-  Hacer práctica y ejercicio desde elementos cotidianos que nos lleven a crear un cuento. Una frase, una foto, un personaje o una escena de la vida diaria puede ser el disparador de la historia que buscamos.

- Cuando  contemos con los relatos suficientes, hacer una edición digital para ofrecerla en la web. Y de ser posible, publicarla en papel y distribuirla por la misma red.

DINÁMICA

1. Trabajaremos juntos desde y para tus escritos.

2. Desde el primer envío comenzarás a escribir.

3. Sobre el material enviado recibirás las correcciones y sugerencias.

4. Nos comunicaremos, mediante Skype, para revisar el texto corregido de viva voz.

TEMARIO

1. Estímulos para lanzarse a la página en blanco.

2. El espacio del cuento. Temática.

3. Personaje. Nudo del conflicto dramático.

4. Tensión e intensidad.

5. La resolución.

REQUISITOS

- Dirección de correo.

- Tener instalado Skype (Es gratuito)

- Tener descargado el Adobe para leer archivos PDF (Es gratuito)

- Disponer de Word 97 en adelante.

DURACIÓN

Es estimativa ya que depende del trabajo de cada participante. La cantidad de los módulos serán seis, por lo que se podría estimar e seis u ocho semanas.

A MAYOR PARTICIPACIÓN, MAYOR APRENDIZAJE.

La dedicación y horarios son de tu elección y disponibilidad. A cada envío de un ejercicio realizado recibirás la devolución.

PRECIO TOTAL: Europa: 80 euros – América: 100 dólares

FORMA DE PAGO

- España: Western Union, transferencia bancaria, o por Correos (Giro inmediato)

- Resto de Europa: Western Union o transferencia bancaria.

- América: Western Union.

(Los gastos de envío correrán por cuenta del participante)

Información e inscripciones: elbigotemalevo@gmail.com

Quienes hayan hecho este taller, tendrán la posibilidad de continuar en módulos mensuales.

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“Arte por encima de todo” Garcia Lorca, discurso sobre el teatro.

18 ago

Queridos amigos:

Hace tiempo hice firme promesa de rechazar toda clase de homenajes, banquetes o fiestas que se hicieran a mi modesta persona; primero, por entender que cada uno de ellos pone un ladrillo sobre nuestra tumba literaria, y segundo, porque he visto que no hay cosa más desolada que el discurso frío en nuestro honor, ni momento más triste que el aplauso organizado, aunque sea de buena fe. Además, esto es secreto, creo que banquetes y pergaminos traen el mal fario, la mala suerte, sobre el hombre que los recibe; mal fario y mala suerte nacidos de la actitud descansada de los amigos que piensan: “Ya hemos cumplido con él”.

Un banquete es una reunión de gente profesional que come con nosotros y donde están, pares o nones, las gentes que nos quieren menos en la vida. Para los poetas y dramaturgos, en vez de homenajes yo organizaría ataques y desafíos en los cuales se nos dijera gallardamente y con verdadera saña: “¿A que no tienes valor de hacer esto?” “¿A que no eres capaz de expresar la angustia del mar en un personaje?” “¿A que no te atreves a contar la desesperación de los soldados enemigos de la guerra?”. Exigencia y lucha, con un fondo de amor severo, templan el alma del artista, que se afemina y destroza con el fácil halago. Los teatros están llenos de engañosas sirenas coronadas con rosas de invernadero, y el público está satisfecho y aplaude viendo corazones de serrín y diálogos a flor de dientes; pero el poeta dramático no debe olvidar, si quiere salvarse del olvido, los campos de rosas, mojados por el amanecer, donde sufren los labradores, y ese palomo, herido por un cazador misterioso, que agoniza entre los juncos sin que nadie escuche su gemido.

Huyendo de sirenas, felicitaciones y voces falsas, no he aceptado ningún homenaje con motivo del estreno de Yerma; pero he tenido la mayor alegría de mi corta vida de autor al enterarme de que la familia teatral madrileña pedía a la gran Margarita Xirgu, actriz de inmaculada historia artística, lumbrera del teatro español y admirable creadora del papel, con la compañía que tan brillantemente la secunda, una representación especial para verla.

Por lo que esto significa de curiosidad y atención para un esfuerzo notable de teatro. doy ahora que estamos reunidos, las más rendidas, las más verdaderas gracias a todos. Yo no hablo esta noche como autor ni como poeta, ni como estudiante sencillo del rico panorama de la vida del hombre, sino como ardiente apasionado del teatro de acción social. El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera.

El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre. Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama “matar el tiempo”. No me refiero a nadie ni quiero herir a nadie; no hablo de la realidad viva, sino del problema planteado sin solución.

Yo oigo todos los días, queridos amigos, hablar de la crisis del teatro, y siempre pienso que el mal no está delante de nuestros ojos, sino en lo más oscuro de su esencia; no es un mal de flor actual, o sea de obra, sino de profunda raíz, que es, en suma, un mal de organización. Mientras que actores y autores estén en manos de empresas absolutamente comerciales, libres y sin control literario ni estatal de ninguna especie, empresas ayunas de todo criterio y sin garantía de ninguna clase, actores, autores y el teatro entero se hundirá cada día más, sin salvación posible.

El delicioso teatro ligero de revistas, vodevil y comedia bufa, géneros de los que soy aficionado espectador, podría defenderse y aun salvarse; pero el teatro en verso, el género histórico y la llamada zarzuela hispánica sufrirán cada día más reveses, porque son géneros que exigen mucho y donde caben las innovaciones verdaderas, y no hay autoridad ni espíritu de sacrificio para imponerlas a un público al que hay que domar con altura y contradecirlo y atacarlo en muchas ocasiones. El teatro se debe imponer al público y no el público al teatro. Para eso, autores y actores deben revestirse, a costa de sangre, de gran autoridad, porque el público de teatro es como los niños en las escuelas: adora al maestro grave y austero que exige y hace justicia, y llena de crueles agujas las sillas donde se sientan los maestros tímidos y adulones, que ni enseñan ni dejan enseñar.

Al público se le puede enseñar, conste que digo público, no pueblo; se le puede enseñar, porque yo he visto patear a Debussy y a Ravel hace años, y he asistido después a las clamorosas ovaciones que un público popular hacía a las obras antes rechazadas. Estos autores fueron impuestos por un alto criterio de autoridad superior al del público corriente, como Wedekind en Alemania y Pirandello en Italia, y tantos otros.

Hay necesidad de hacer esto para bien del teatro y para gloria y jerarquía de los intérpretes. Hay que mantener actitudes dignas, en la seguridad de que serán recompensadas con creces. Lo contrario es temblar de miedo detrás de las bambalinas y matar las fantasías, la imaginación y la gracia del teatro, que es siempre, siempre, un arte, y será siempre un arte excelso, aunque haya habido una época en que se llamaba arte a todo lo que nos gustaba, para rebajar la atmósfera, para destruir la poesía y hacer de la escena un puerto de arrebatacapas.

Arte por encima de todo. Arte nobilísimo. Y vosotros, queridos actores, artistas por encima de todo. Artistas de pies a cabeza, puesto que por amor y vocación habéis subido al mundo fingido y doloroso de las tablas. Artistas por ocupación y preocupación. Desde el teatro más modesto al más encumbrado se debe escribir la palabra “arte” en salas y camerinos, porque si no vamos a tener que poner la palabra “comercio” o alguna otra que no me atrevo a decir. Y jerarquía, disciplina y sacrificio y amor.

No quiero daros una lección, porque me encuentro en condiciones de recibirlas. Mis palabras las dicta el entusiasmo y la seguridad. No soy un iluso. He pensado mucho, y con frialdad, lo que pienso, y, como buen andaluz, poseo el secreto de la frialdad porque tengo sangre antigua. Yo sé que la verdad no la tiene el que dice “hoy, hoy, hoy” comiendo su pan junto a la lumbre, sino el que serenamente mira a lo lejos la primera luz en la alborada del campo.

Yo sé que no tiene razón el que dice: “Ahora mismo, ahora, ahora” con los ojos puestos en las pequeñas fauces de la taquilla, sino el que dice “Mañana, mañana, mañana” y siente llegar la nueva vida que se cierne sobre el mundo.

Federcio García Lorca (1898-1936)

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Entrevista a Lukas Bärfuss

1 jul

LUKAS BÄRFUSS ES AUTOR, ENTRE OTRAS, DE LA OBRA “LAS NEUROSIS SEXUALES DE NUESTROS PADRES” 


¿Qué te interesa como autor en el teatro?

En primer lugar, el hombre. La escritura es una actividad muy solitaria, y el teatro me lleva a la gente. Del ser humano me interesa sobre todo su debilidad, porque en ella se muestra su humanidad. Estoy interesado en las lesiones en la integridad de la persona, que todos los que participan del teatro aceptan de alguna forma. Tanto los actores, como los directores, en especial el público y también el autor. Y nadie sabe qué es lo que puede o debe esperar. Justamente ese es el riesgo. Mi vanidad de autor desea, por supuesto, la integridad del texto. Que se mantenga intacto, pero esta esperanza es tan ingenua como la de la virgen de permanecer casta en el burdel. La apropiación del texto por el teatro funciona a través de la incorporación por la masticación y la digestión posterior. Pero debido a que tengo una cierta responsabilidad por las voces que escribo, quiero protegerlas de estos procesos, protegerlos de ataques, y este intento inútil pone en marcha un proceso teatral bastante fértil.

En entrevistas y charlas has dicho varias veces que te gustaría ser “la arena en el motor” del teatro (Expresión en alemán que significa la arena que hace andar mal el motor, “que lo hace crujir”) ¿Qué es exactamente esa arena, y en el qué consiste el placer de hacer crujir al teatro?

El teatro es un arte especialmente incompleto. Todo cruje. Yo mismo crujo. Los actores crujen, incluso los viejos sillones del teatro crujen. El teatro se topa, en todo momento, contra sus límites. Todo el encanto funciona solamente a partir de un convenio entre el público y el escenario, y yo simplemente exijo que esto se haga manifiesto. Quiero ver en el teatro esta debilidad, no para burlarme, sino porque en esta debilidad y en el intento de manejarla descubro al ser humano.

Además sostengo lo que va en contra de la moda actual. Pretendo el horror de la mecánica, frente al horror de lo virtual. Nosotros inventamos el ciberespacio, para escondernos allí de la mecánica. La mecánica sigue siendo la gran asesina de masas. Eso es en el peor sentido un hecho. Y mi teatro se ocupa de hechos, que han sido provocados por seres humanos, que descubren que las ideas que se hacen de sí mismos, al final no les serán de ninguna utilidad, y que el sueño no ayuda. El reconocimiento de la propia debilidad no impide sin embargo la crueldad del hombre con su prójimo.

Dora, la joven mujer en el centro de tu obra “Las neurosis sexuales de nuestros padres” es una persona débil…

Sí, pero no es inocente, eso es lo desagradable. Aunque, Dora aparentemente tiene una discapacidad, no se trata para mí de la cuestión de cómo lidiar con estas personas. Lo que vive Dora es el descubrimiento de que no puede disponer total y libremente de sí misma y este descubrimiento lo hacemos todos los seres humanos en algún momento de la vida. El ser humano tiene que vivir con eso, con el hecho de no ser totalmente libre. Yo creo que eso se llama socialización.

Dora experimenta un proceso de humanización. Los otros personajes intentan incorporarla en su medio y en consecuencia se ven obligados a explicarse a sí mismos su manera de vivir, y también se ven forzados a introducirla en el misterio de la sexualidad.

¿Qué es lo permitido en una sociedad y qué no lo es? Es algo que no se puede sistematizar, en el mejor de los casos se obtendría una lista con neurosis. Con esto no se puede vivir. Se necesita una visión propia. Para ser libres, tenemos que aceptar nuestra propia falta de libertad. Y eso únicamente se puede aprender, no se puede enseñar. Dora es una alumna demasiado buena, esto la convierte en monstruo y en escándalo. A ella le gusta lo que le están haciendo. Y no tiene ningún problema con entenderse a sí misma como víctima, y a través de eso consigue una libertad, una libertad, por supuesto, terrible. Una de las pretensiones de nuestra sociedad consiste en posibilitar a cada uno la voluntad de obtener la felicidad, y no en definir la función de la felicidad en sí. La función de la felicidad es ser definida, y en eso reside lo totalitario del liberalismo. Si alguien, como Dora, define su propia felicidad y la busca, entonces los otros lo reconocen muy rápidamente como infelicidad. Querer alcanzar la propia infelicidad está prohibido implícitamente.

Mientras Dora se perjudica sólo a sí misma, el entorno se adapta. En el momento en el que ella cambia la realidad fuertemente, o sea cuando queda embarazada, la flexibilidad de las ideas del entorno se agota. Los otros tienen que cambiar la realidad a fin de proteger sus ideales y a través de esa acción sus ideales se corrompen. Esta corrupción es más soportable que la contradicción. Lo trágico es que el liberalismo pretende precisamente eso, soportar la contradicción.

Una base importante de la investigación para esta obra, fue el desarrollo de la psiquiatría Suiza en el siglo pasado. Agosto Forel, Eugene Bleuler fueron las dos grandes figuras. Se vieron a sí mismos como filántropos. Querían mejorar la sociedad, erradicar la pobreza, y luchar contra el alcoholismo, que era entonces como ahora, un gran problema social.

Querían hacer algo por los enfermos mentales. Estos fueron todos objetivos admirables. Muchas personas respetables, muchos socialistas y social demócratas se solidarizaron con ellos. El resultado fue la construcción de un gigantesco aparato de represión. Muchas personas marginales fueron fichadas sistemáticamente. Padres, de los cuales creyeron que no podían ocuparse de sus hijos fueron separados de sus niños. Muchas mujeres fueron esterilizadas, muchos hombres castrados. Las personas que no encajaban en esa imagen fueron encerrados en hospitales psiquiátricos. Suiza fue pionera en este sentido. Un importante know-how de los nazis en su eugenesia y en el exterminio de los seres humanos la aprendieron de los Suizos. Hubo un montón de científicos suizos en los servicios alemanes. En Alemania, esta práctica terminó el último día de la guerra en 1945. En Suiza, continúa viva, hasta el día de hoy. Hasta en la generación de nuestros padres. Incluso, en 1974 hubo hombres y mujeres que fueron castrados por motivos socio-higiénicos.

Describís en tu obra de una manera triste, y a la vez tierna, cómo nuestra sociedad se sobre-exigió en su manía de integrar todo lo extraño. Es posible que la monstruosidad consista en darle la bienvenida a todo lo extraño, a lo que nos asusta, a lo que no entendemos, pero de una forma generalizada. ¿Significa esto que las personas en tu teatro no fracasan en el intento de realizar sus ideas, sino que el fracaso consiste en tener ideas equivocadas?

Creo que el problema consiste en que estas personas, estas voces, no son congruentes con su propia historia. Tendrían que vivir otra historia. Una, en la que ellos crean que está contenida la idea que se hacen de sí mismos. El ser humano no soporta la contradicción a largo plazo. O bien modifica sus ideas, o modifica la realidad. Todo está asociado a la violencia. La cuestión es, cuál de las dos opciones es la más viable en cada situación.

La idea de una obra teatral era, hasta hace poco, “contar una historia maravillosa en muchas imágenes multicolores.” ¿De dónde viene tu voluntad de contar historias?

Mi deseo de contar historias resulta de la creencia en un mito. De hecho, quiero contar mitos. Lo importante del mito, me parece que es la incompatibilidad de la personalidad con la historia que vive. “Yo soy en realidad muy diferente, lo que pasa es que tengo muy pocas oportunidades de serlo”, como dice uno de los personajes de Horvath. El mito, en realidad cualquier historia, cualquier cuento, no se preocupa por sus protagonistas. El mito se cumple. Le importan un bledo los personajes, la idea de la individualidad. La vergüenza de la que hablás, se desprende de esta diferencia. “Queridos amigos, tengo que contarles una historia y esta historia me tiene como protagonista, pero conmigo no tiene nada que ver, créanmelo”. Este es el núcleo de la vergüenza. Algo que no va bien con vos pero igual tenés que mostrarlo. Esta es mi contradicción frente al teatro burgués, porque seamos honestos: el teatro tal como lo conocemos, y como lo hacemos es el resultado de la idea burguesa de la unidad del individuo con su historia. Que el que habla en el escenario es idéntico a lo que dice. A veces hay actores que me preguntan por la prehistoria de los personajes. Qué les pasó antes de que empiece la obra. ¿Dónde estaban antes? Y yo les contesto: antes estuvieron en el camarín o en el bar del Teatro.

No hay historias propias, sólo historias ajenas. De eso estoy convencido como autor, de esa verdad vive la creación literaria, mejor dicho de ese enmascaramiento. La historia más ajena de todas es la que pensamos que es nuestra historia.

Llama la atención que vos proyectás en tus obras situaciones extremadamente tensas a nivel psicológico, pero elegís un lenguaje que casi le prohíbe el actor, actuar en forma psicológica, e incluso casi lo obliga fuertemente a tomar distancia de su personaje. ¿Qué te interesa de ese instrumento?

Este procedimiento sigue una experiencia propia. La presencia del hombre consiste en una contradicción. Sólo en la borrachera existe lo total, lo no dividido, y mis personajes hablan en estado de sobriedad. Esa es su desgracia, y en realidad desean volver a la ebriedad. La situación está cargada, es tensa, porque es nueva. Aunque lo seres humanos la hayan vivido cien veces. Igual es nueva. Cada vez. Este es el motivo por el cual los actores no pueden simular una situación. La afirmación profesional de experimentar la repetición por primera vez, a los actores les parece artificial. De hecho, comparten exactamente eso con la experiencia del público. En otras palabras, su arte concierne a la realidad. A nosotros, los seres humanos nos ocurre lo mismo una y otra vez. Al despertar cada mañana, cada día es nuevo y diferente, pero queramos o no, tenemos que acostarnos a la noche, tenemos que repetir eso mismo hasta la muerte. Y si no lo hacemos, entonces la muerte llega antes. Esto nos lleva al corazón mismo de la cuestión, al tiempo. La experiencia básica y determinante del teatro para los que participan de él consiste en el hecho de que somos más viejos al salir que al entrar al teatro. La transitoriedad es una vivencia totalmente a-psicológica, y si hay una psicología, vale sólo como un remedio débil, como una muleta vergonzosa para hacerle frente a esta experiencia espiritual. Todo lo que obstaculiza esa vivencia fundamental -la experiencia del tiempo- no es digno del teatro.

http://es-la.facebook.com/note.php?note_id=137932742900341

El escritor suizo Lukas Bärfuss, nacido en 1971, es uno de los dramaturgos más exitosos de habla alemana. La prestigiosa revista “Theater heute” lo nombró “dramaturgo del año”. Sus obras se representan en varios países. Ente ellas se encuentran: “Las neurosis sexuales de nuestros padres”, “El bus”, “La prueba” y “Petróleo”.  “Cien días” es su primera novela.

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El cielo del teatro *

16 may

No exagero diciendo que el teatro es lo que me protege de la vida. Pienso que no es sólo un oficio, sino un exiguo e infantil microcosmos en donde puedo vivir otras vidas. ¿Su vulnerable espacio de ficción y el hecho de ser juego, play, spiel, jeu, nos empobrece o nos bendice? ¿Su Arte, que no deja formas perdurables, es de verdad un arte menor, o un ejercicio de conocimiento que puede trascender al arte?
Hoy el teatro tiene muchas naturalezas. Pero ninguna puede crear el proverbial monumento “más duradero que el bronce”. Más allá de cualquier objetivo y sentido que cada uno da a la naturaleza del teatro que hace, nuestro trabajo no permanece, pero anuda relaciones. Sirve para viajar, cada uno hacia su propio individuo interior y junto a los otros.

Sus raíces son las relaciones, tanto antes como después del espectáculo, entre aquellos que hacen teatro y aquellos que asisten: relaciones entre el pasado y el presente, entre la persona y el personaje, entre las intenciones y el acto, entre la historia y la biografía, entre lo visible y lo invisible, entre los vivos y los muertos.

El microcosmos del teatro no se nutre de los éxitos. Los triunfos ocasionales son sólo la espuma de la indiferencia circundante cuando golpea la playa de nuestros islotes teatrales. Nos lo enseña la experiencia. Así como lo explicó, una vez, con palabras punzantes, Vasili Vasilich Svetlovidov, el actor protagonista de El canto del cisne de Chejov. Se durmió en el camerino y se despertó en la soledad del teatro abandonado por los actores y espectadores. Sólo encontró como único compañero al apuntador de la compañía, acostumbrado a vivir bajo el escenario como una rata, pero una rata joven, entusiasmada por los milagros de la escena. Para él, Svetlovidov, protagonista de comedias y derrotista en la vida, desplegó su sabiduría: la sacralidad del arte es una patraña, sólo delirio y engaño.

Como es delirio y engaño el constante lamento sobre la decadencia del teatro, sobre su falta de congruencia respecto al espíritu de los tiempos, sobre su condena a permanecer siempre un taller artesanal con un complejo de inferioridad frente a las grandes industrias del espectáculo, temeroso de ser barrido de un golpe.

Los teatros no son sólo talleres, edificios imponentes o casuchas en ruinas en donde se refugian y habitan nuestras necesidades más oscuras. Son casas pequeñas, sí, pero con muchas escaleras.

¿De qué se nutren los microcosmos de los teatros? No de tecnología, sino de técnicas personales. Técnicas pequeñas, a manos desnudas, no solitarias y vividas en común. Por esto, concretamente, dan vida a patrias en miniatura. Los vientos de las aclamaciones y de los disensos pasan, pero las relaciones y las técnicas, si se orientan sobre nuestro valor interior propio, sobre nuestras mitologías y supersticiones, son capaces de oponer resistencia, de entrar en contacto con el exterior y de romper el aislamiento. Siempre y cuando no se satisfagan con los primeros pasos y no se limiten a los primeros peldaños, sobre los cuales, por breve tiempo, se sientan muchas veces aquellos que aman y gozan del teatro, pero sin alimentar su descontento. Como cuando se come sin hambre y se bebe sin sed, que para Baudelaire y Artaud eran pecados capitales para cualquiera que sea llamado a las artes.

Las técnicas personales del teatro son escaleras, se hunden y suben. Cuando tiene estas escaleras, nuestra casa es infinita.

Pienso en ciertas casas antiguas, pobres, de los pueblos del Sur de Italia, amenazadas por la humedad, privadas de confort, llenas de sombras, con ventanitas que parecen temer al calor y a la luz y encierran afuera los paisajes luminosos del mar y de los olivos. Casas en donde se vive apretado y en donde muchas veces la intolerancia recíproca de quien las habita, da a la vida cotidiana la angustia de la reclusión.Pero en cada una de ellas, una escalera pequeña, ennegrecida por el tiempo, conduce a un techo chato, en donde se puede permanecer de pie: una terraza sin barandas, que obliga a estar alerta porque basta un paso en falso para caer.

Una casa con un techo chato en donde impera el cielo. Y en donde cada uno puede dialogar consigo mismo perdiéndose con la mirada en el horizonte. Semejante a esta casa es para mí, en una sola palabra, el teatro.

Eugenio Barba, director teatral, creador del Teatro Odin de Dinamarca, en 1966. Uno de los grandes teóricos de teatro del siglo XX. Fue discípulo y divulgador de la obra del director polaco Jerzey Grotowski, y en 1980 creó la International School Teather Anthropology (Escuela Internacional de Antropología Teatral).

* Discurso pronunciado en ocasión de la entrega del título Doctor Honoris Causa conferido por la Academia de Música y Teatro de Estonia, Tallinn – 27 de mayo de 2009.

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Después del taller

14 may

Quiero agradecer a cada participante del taller ”Escribir un corto”, su compromiso, confianza y creatividad.  Fue gratificante el trabajo mancomunado y comprobar los resultados. Espero ver esos cortos que ya han nacido en el papel.

Ya se los había expresado en persona, pero quise compartirlo en forma pública.

Los saludo con todo mi afecto.

“Escribir un corto”

6 abr

TALLER INTENSIVO en 5 días

Días: Lunes 2 a viernes 6 de mayo

Horarios: Grupo 1: de 11 a 15h – Grupo 2: de 19 a 23h

Dinámica

  • Se comenzará con la búsqueda de ideas, o con las que traigan los asistentes.
  • Se evaluará su potencialidad y eficacia para una narración fílmica.
  • Se brindará apoyatura teórica en cada paso y fase de la escritura del guión.
  • Se escribirá en clase, se corregirán los trabajos  y se estimulará la creatividad.

Objetivo

Estructurar la sinopsis, desarrollar el tratamiento y abordar la escritura del guión en formato profesional.

(En el caso de no finalizar el guión dentro del taller, el profesor seguirá una tutoría mediante mail y/o Skype)

Temario que se abordará mediante los trabajos prácticos.

Idea-tema. Conflicto y personaje; desarrollo. Sinopsis. Trama. Tratamiento, Progresión y clímax. Secuencia, escena y toma. Tiempo real y tiempo cinematográfico. Elipsis. Formato de guión profesional.

Lugar: Madrid (Centro)

Precio total: 120€ – Grupos reducidos, reservar vacante.

Informes e inscripción: elbigotemalevo@gmail.com

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La ilusión en el teatro

27 mar

El viernes pasado, realizando mi obra “Solo brumas”, Eusebio, mi personaje –de unos setenta años y dedicado a una función social de demolición–, entra a escena y relata una anécdota que le ocurrió minutos antes. Viene herido en la parte izquierda de la tibia, a raíz de un incidente que mantuvo en la Plaza Irlanda con un chico de trece años que, amenazándolo con una navaja, le pedía una zapatilla. Eusebio le responde que él calza 45 y que no le va a servir una zapatilla. El joven de trece años le grita: “¡Viejo de mierda, vos creés que soy un chorro!” y simultáneamente saca la navaja y lo hiere en la tibia izquierda. Todo esto es un relato de Eusebio. Pepi, una de las compañeras de Eusebio, se apiada y lo venda rápidamente para evitar una hemorragia.

Al mirar mi pantalón, yo observo que está manchado de un “colorante” que simula ser sangre y que utilizamos sólo en la última parte de la obra. Cuando veo la “sangre” con el colorante en el mismo lugar donde el pibe me corta pienso en qué momento me lo habrán puesto (nunca se utilizó en ese momento) y pienso que Briski es un director admirable para ese tipo de sorpresas y triquiñuelas a los actores.

Mientras Pepi venda la pierna de Eusebio observando toda mi pierna ensangrentada, yo acudo al “método Stanislavsky” y grito de dolor y cuando me levanto ya vendado mi renguera es mayor que nunca y camino en el escenario más herido que nunca. Estaba contento porque pensé que a Briski le estaría gustando mi adaptación a la nueva circunstancia actoral.

Con todo veo que Pepi, la que me vendó la pierna, se acerca a Pipi y empiezan a cuchichear entre ellas. Yo rengueaba cada vez más feliz sintiéndome un actor joven, herido. También me pareció observar un misterioso gesto de la actriz a Briski que me resultaba insólito. Pero ya había un clima de extrañamiento en el elenco que no era disonante a estos personajes marginales que tenían que cumplir una función demasiado terrible en la obra.

Todo parecía exacerbado y mi monólogo final salió mejor que nunca a raíz de esa herida “sangrante” y el tono de mi exaltación. Al terminar la obra una de las actrices me pregunta muy nerviosa con qué me había “herido” en la pierna. Yo le respondo que me pusieron colorante en el lugar de la tibia izquierda. Pero al sacarme el pantalón observo que tengo una pequeña herida en la tibia izquierda de donde había manado la sangre que yo creí que era colorante. Me dijo que lo miró a Briski para detener la función por el peligro de mi hemorragia. Ella me veía sangrar en el mismo lugar donde yo le contaba que el pibe de trece años me había cortado.

Al entrar Briski me preguntó si era diabético, riesgo muy grande para un hipocondríaco como yo. Pregunta sin contestar: ¿por qué me habría herido en la tibia izquierda, exactamente en el mismo lugar donde relato que el pibe me hiere y la actriz me “cura” en cada función?

Mientras yo me vanagloriaba de actuar la pierna ensangrentada, Mirta quería parar la obra. Susy Evans, la otra actriz, le dijo a su compañera: nunca te vas a dar cuenta si Tato actúa o no. Siempre actúa y lo peor o lo mejor es que él quiere actuar hasta su propia muerte. Es así por naturaleza.

Me pregunto: ¿cuántos años más seguiré en un escenario?
Me contesto: solamente en un escenario las emociones y los terrores forman parte del exorcismo dramático. Realidad y fantasía se entremezclan de una manera misteriosa.
Mientras pueda y la herida no sea grande estas emociones y confusiones no me las pierdo. Misterio del teatro y la creación.

Los años de análisis lo convirtieron en un caso cada vez más histérico. No hay que despertar a los sonámbulos. Es peligroso, comenta Susy. El finge que no está fingiendo que está fingiendo.

Eduardo “Tato” Pavlovsky

Página 12 –  Buenos Aires. 13 de agosto de 2009

 

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¡Auxilio!

16 ene


Teatro, socórreme.
Duermo. Despiértame.
Estoy perdido en la oscuridad, guíame, al menos, hacia una luz.
Soy perezosa, avergüénzame.
Estoy cansado, estoy fatigado, levántame.
Soy indiferente, golpéame.
Sigo siendo indiferente, golpéame en el rostro.
Tengo miedo, dame coraje.
Soy ignorante, edúcame.
Soy monstruosa, humanízame.
Soy pretencioso, hazme morir de risa.
Soy cínica, desármame.
Soy tonto, transfórmame.
Soy mala, castígame.
Soy dominante y cruel, combáteme.
Soy pedante, búrlate de mí.
Soy vulgar, elévame.
Soy muda, desamordázame.
Ya no sueño, trátame de cobarde o de imbécil.
He olvidado, arroja sobre mí la memoria.
Me siento vieja y rancia, haz surgir la niñez.
Soy pesado, dame la música.
Soy triste, busca la alegría.
Soy sorda, haz aullar el dolor como una tempestad.
Me siento agitado, haz surgir la sabiduría.
Soy débil, enciende la amistad.
Soy ciega, convoca a todas las luces.
Estoy sometida por la fealdad, haz entrar la belleza conquistadora.
Fui arrastrado por el odio, haz surgir todas las fuerzas del amor.

Ariane Mnouchkine, creadoraa y directora del mítico “Théâtre du Soleil”. Mensaje al celebrar el Día Mundial del Teatro-

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“De la improvisación a la creación del texto dramático”

12 ene

Crónica del taller impartido en la Unión de Actores del 17 al 30 de junio de 2010

En este taller nos hemos planteado como objetivo el de llegar a la creación de la escena, utilizando los resortes propios del actor: su técnica y su poética. Entendiendo como “técnica” el uso de las herramientas y de una dinámica que nos ayuden a crear un personaje, a contar una historia desde una subjetividad, a diferenciar género de estilo… Y como “poética”, a la liberación de la capacidad creadora del actor; su imaginación, su memoria, sus capacidades físicas, teniendo presente que la voz es parte del cuerpo como la memoria lo es de la imaginación.

Partiendo de estas premisas y de la experiencia de haber creado dramaturgia desde el trabajo del actor sin otra herramienta que sus propios atributos, he aceptado con entusiasmo impartir este taller. Por su carácter innovador enmarcado en la propuesta de la Unión de Actores: el actor como gestor de su propio trabajo. Muy oportuna en ésta época.

Comenzamos con unos ejercicios de reconocimiento, de interrelación y expresión. Siempre transmitiendo el concepto de que cada uno es creador y gestor del grupo, partiendo de algo simple y esencial: yo escucho y reacciono, o viceversa. Debo destacar que tuve la agradable sorpresa de contar desde el primer encuentro con actores cuyo compromiso grupal fue casi instantáneo; con entusiasmo se integraron a las consignas pudiendo comprobar algunas primeras formas de creación colectiva, adecuadas para encaminarse hacia una dramaturgia posible.

En principio se partió de crear situaciones gestuales. Desde la expresión subjetiva libre a vincularla a las otras. Así se crearon escenas que “congelamos”: primero una que se ubicó en una instancia espacio-temporal determinada expresando un conflicto; luego, creamos un antes (las causas) y un después (las consecuencias), con sus respectivas imágenes. Con estas tres escenas ubicadas en momentos críticos fue necesario trazar una línea que las uniese. Al hacerlo descubrimos que estábamos, por el momento, esbozando una estructura clásica: había una presentación (el antes), un conflicto (el ahora) y una resolución (el después). Así comenzamos a trabajar, no para avanzar  en ese sentido durante todo el taller que era de duración limitada, sino para afianzarnos como grupo y dejar que en cada uno se gestara la convicción de que a  través de un simple juego, con verdad, sin corsés ni prejuicios, se podría  ir creando una historia.

Con esa convicción abordamos la  improvisación de escenas. No utilizamos la  acostumbrada forma de pautar una improvisación estableciendo solamente el objetivo para cada personaje, ya que el hecho de pensar una meta, se convierte en una abstracción que destruye la improvisación como búsqueda, nos tapa  los caminos que se pueden ir creando con la acción y reacción de cada actor. El objetivo estará, pero cada actor tendrá un conflicto interno que lo movilice a actuar: lo que quiero versus lo que debo.

Trabajamos con una escena de un clásico contemporáneo, sin leerla, sólo estableciendo personajes equivalentes en situación similar. Luego, jugamos la escena intercambiando roles, sexos, edades. Esta podría ser una de las formas de trabajar la escena de una obra para ponerla en escena, que cada uno viaje “del rol al personaje” en forma orgánica hasta llegar al texto. Pero en el marco de este taller tenía otra finalidad: comprobar desde la experiencia este ejercicio con el trabajo que haríamos seguidamente.  Para ello, se hizo necesario dar una explicación.

Cuando improvisamos una escena ya escrita, por más libertad que tengamos, el texto está allí, esperándonos con su estructura y fijándonos límites que nos ayudarán a encauzar nuestro trabajo. En cambio, cuando lo escrito no está sino que deberemos crearlo con nuestros propios resortes, se comienza a trabajar con una sensación de mayor libertad pero con el riesgo de caer en digresiones. Para ello se deben establecer ciertos límites que encaminen la tarea.  Pero siempre estos límites deben crearse a partir de las mismas propuestas que los actores vayan gestando; en este taller, ha de ser mi labor elegir esas propuestas e ir encauzando el  trabajo. En un grupo deberá hacerlo el que tenga el rol de director. Dicho esto,  continuamos con nuestra dinámica de trabajo: primero hacemos (actuamos) y después, siempre después, hablamos (analizamos).

Les pedí que trajera, cada uno, una propuesta de escena,  que sea muy simple y que expresara un conflicto. De las escenas propuestas, en principio, elegí una porque era la que más se adecuaba a la consigna.  A continuación, lo dado para iniciar la escena.

“JULI, procedente de Londres, llega a casa de PAULA, su mejor amiga, después de tres años de ausencia. PAULA la recibe afectuosamente, y  JULI le expresa su desesperación y desconcierto porque su PADRE tiene una amante y se ha marchado de su casa. Lo que desconoce es que PAULA es la amante del PADRE”.

Sólo conocemos el detonante del conflicto ocurrido antes. Con un agregado interesante, hay información que ni el espectador ni JULI conoce: PAULA es la amante del PADRE.

¿Qué debía saber JULI? Que durante sus tres años de ausencia tenía la fantasía de ver a su familia como la dejó al partir; pero al llegar, presencia una pelea que desencadena en la partida del padre y de súbito, se le rompe la ilusión de armonía.

 

¿Qué debía saber PAULA? Que la noche anterior estuvo con el PADRE de JULI y, ante la inminente llegada de su amiga, presionó a su amante para que desvelara la verdad.

¿Qué iba a suceder en la improvisación de la escena entre las amigas? No lo sabíamos, las acciones y reacciones de una y otra nos lo iban a contar. Como podemos ver, los personajes no tienen objetivo a alcanzar, pero sí poseen un conflicto interno que les obligará a actuar; expresar y reaccionar, aquí y ahora. Lo que deseo (pulsión) versus lo que debo (mandato social).

Jugamos la escena con la participación de todas las mujeres presentes en el taller; en cada una se valorizan los aportes y se procedía a apuntarlos para aprovecharlos en las improvisaciones siguientes. De esa manera, cada pareja aportaría algo al resultado.

Ahora, debimos definir el género, ¿qué era más apropiado para el conflicto planteado? ¿Un melodrama, una tragedia o una comedia? ¿Cuál sería el tono? Bastaron unos pocos ejemplos imaginados para ver con claridad que un melodrama o una tragedia llevaba a la historia a un terreno banal; en cambio, en una comedia podría darle una tonalidad atractiva. Convinimos que una comedia sería lo más apropiado. Rehicimos la escena improvisando con las siguientes consignas: caracterizar a cada personaje con algún rasgo que lo identifique y, fundamentalmente, sin hacerse el gracioso. La clave de la comedia estaría en la consecuencia de las acciones y de las situaciones que se irían planteando y que, en el mejor de los casos, resultasen graciosas. El sentido de verdad en el juego, de estar en el momento, es necesario para cualquier género. Para la comedia, hacerse el gracioso es el tiro de gracia.

Luego de trabajar la escena con las diferentes actrices, les plantee el cambio de sexo de uno de los personajes: PAULA sería hombre, y su nombre PABLO.  Agregándole una información que, de antemano, agregaría interés adicional y potenciaría el conflicto de la comedia: JULI, desde su adolescencia, está enamorado de PABLO y ha llegado de sus tres años de ausencia decidida a seducirlo. Deseo  postergado por la crisis causada por sus padres pero que modificará su accionar y, en consecuencia, la de su amigo. En esta nueva propuesta, PABLO es amante de la MADRE (De Juli)

La escena resultó aún más interesante y la hicimos con todas las mujeres y hombres presentes en el taller. Se habló también de hacerla con las dos mujeres y que PAULA sea amante de la MADRE y, a su vez, JULI estuviese enamorada de PAULA. Pero demasiado “ruido” para decir lo que queríamos. Ya teníamos lo suficiente.

Cuando vimos la estructura de la escena hecha con el aporte de todos -como dijimos, todos la actuaron-, hablamos sobre si era o no necesario hacer una escena anterior para incorporar información que aumente la conflictividad. Se propuso, en primera instancia, poner la escena de la pelea de los padres con la llegada de JULI, pero eso no nos hubiera aportado nueva información y tampoco hubiera potenciado el conflicto. En cambio, si viéramos al PADRE y a la MADRE la noche anterior, en una escena cotidiana; donde se nos presente a los personajes, su vínculo, sumándole un llamado de JULI donde les confirma que llegará por la mañana, podría resultar enriquecedor. Más, cuando la madre esa misma noche tiene una cita y debe salir.

Se hizo la escena varias veces y rescatamos elementos enriquecedores de la misma acción. El PADRE, con rasgos obsesivos, hace cuentas, ordena, habla solo. La MADRE se pinta las uñas de manos y pies frente al televisor. Cuando se produce el llamado de JULI, el padre inmediatamente propone hacerle un almuerzo recordando cumpleaños pasados. La MADRE lo apoya pero tiene una prioridad: ir a su clase de tarot. El PADRE, quiere que se quede para que lo ayude con los preparativos, aunque “sabe pero no quiere enterarse” de que hay algo detrás de las clases de tarot, ya lleva muchos meses asistiendo a ellas. Se produce una discusión donde el PADRE le expresa su desconfianza, y la MADRE aprovecha para marcharse enojada. El PADRE, ante esta acción, siente que ya casi no tiene espacio para dejar que todo siga igual; ahora su orgullo comienza a prevalecer, la verdad está a la vuelta de la esquina. Y en tan sólo unas horas llegará JULI.

Al ver las escenas trabajadas en orden cronológico, se planteó la posibilidad de una intermedia. Por ejemplo, el momento en que la madre se dispone a partir de la casa de PABLO. Aquí se desvelaría que el amigo de JULI es el amante de su MADRE, pero creímos válido probarla ya que sería una información para el espectador que el personaje-JULI desconoce. Principio que suministra suspense. Valía le pena probar.

Así lo hicimos y resultó una escena atractiva, pudimos ver a estos personajes desde otra perspectiva, conocerlos más. Qué deseaba uno del otro, descubrir el porqué de cada uno en la relación. Los ejercicios de esta escena culminaron con un ultimátum de PABLO: o ella desvelaba la verdad o lo haría él con su amiga.

Tanto el PADRE como el amante exigen que la MADRE diga la verdad. Pero, ¿realmente querrán que ésta se desvele? ¿Qué hará la MADRE?

Trabajamos las tres escenas hasta llegar a hacerlas en orden cronológico, sin interrupción.  El resultado fue movilizador; tenía ritmo y despertaron las ganas de arribar a una conclusión.  Pensamos que lo más apropiado sería reunir a todos los personajes en un mismo ámbito: la casa de PABLO.

Así, la MADRE llega a casa de PABLO y, al descubrir a su hija, aclara que suponía encontrarla en casa de su amigo. Y le expresa su decisión de marcharse, al menos un mes, a Cuba. Necesita alejarse de todo y pensar. A la reacción de la hija se sumará la de PABLO. Y las miradas y reacciones a espaldas de JULI entre la MADRE y el joven. No mucho después, llega al Padre aludiendo a los mismos motivos que su esposa.

Ya teníamos a todos los personajes en la misma escena. En realidad, ninguno de los que reclamaban la verdad era capaz de asumirla; es más, lo hicieron sabiendo que no iba a salir a la luz. De esta escena sólo alcanzamos a hacer un bosquejo, y casi quedó claro que la MADRE se marchará y ni el PADRE ni JULI se enterarán de la relación entre la MADRE y PABLO.

TEMÁTICA

Desde el comienzo hemos insistido en definir la temática del argumento a crear. Cuál sería el significado de la historia, qué nos interesaría decir con este trabajo. Al tener claro esto, todo iría por su carril ya que en el inconsciente tendríamos las bases de un discurso que no nos traicionaría. De no tener una temática definida se corre el riesgo de traicionar nuestras propias ideas.

AUTOR Y DIRECTOR

En un trabajo de creación grupal debe de haber, en principio, alguien que coordine y escriba. Ahora bien, yo tengo una opinión formada al respecto: el rol del autor y del director -podría ser la misma persona- no puede ser descartado. Esto no va en contra de la creación grupal –en todo caso autor y director serían parte del grupo-, sino de obtener mejores resultados. De hecho, todas las obras que conozco, que fueron creadas por un grupo, y que han sido de algún modo trascendentes, han tenido un autor y un director, casi siempre la misma persona conocedora tanto de dramaturgia como del lenguaje de la puesta en escena.

Podría argumentar y explicar el porqué de esta necesidad, pero serìa tema de otra crónica.

CONCLUSIÓN

No he querido desarrollar los avances de cada tallerista, todos actores profesionales, porque esta crónica memoriosa se hubiera convertido en un pequeño ensayo teórico. Bastó el camino recorrido para alcanzar el objetivo y para lograr la convicción de cómo la dramaturga actoral puede ser creada por los propios actores.

Estimo que ha sido una experienca enriquecedera para todos, acertando y avanzando sobre errores y aciertos. Ni más ni menos, de lo que se trata todo aprendizaje.

Daniel Brofman Aguilar – Madrid, septiembre de 2010


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Talleres de Guión

12 ene

Teoría y práctica para escribir cine

Se implementan con una metodología que estimula la creatividad, y que incorpora los elementos teóricos y prácticos para la escritura cinematográfica.

Nuestros talleres de Dramaturgia Audiovisual y Guión se ofrecen en diversos formatos y con distintos objetivos, todos bajo el mismo concepto.

DINÁMICA

Los alumnos comienzan a escribir desde el primer encuentro. Las correcciones se realizan en clase y el grupo interactúa intercambiando errores y aciertos, haciendo de la experiencia, aprendizaje.

Durante el proceso de trabajo se implementan, lo que hemos denominado,

las tres “E”:

Estimular la imaginación.

Encauzar las ideas para desarrollarlas en una estructura narrativa.

Entrenar la capacidad de pensar en imágenes y sonidos.

PROFESORES

Se incorporarán profesionales de experiencia en la docencia, que enriquecerán nuestras propuestas.

El Bigote Malevo aspira a la formación de grupos y a la creación de espacios alternativos.

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